Juan y Candela disfrutaban del apacible sol de media tarde, desde su banco en el parque controlaban el ir y venir de los paseantes.
- Mira quién viene por ahí - dijo Juan.
-Anda, si son Antonio y Manolita - contestó Candela mientras se estiraba la falda y se atusaba el cabello.
- Me dan un poco de envidia... - dijo Candela mirando a Juan.
- ¿Qué?...
- Nada, podías escucharme cuando te hablo ¿no?, podías mimarme más como hace Antonio con Manolita - le recriminó Candela.
- ¡Callate! Que ya se acercan - susurró Juan algo molesto.
- ¿Qué tal? - se dijeron ambas parejas, mientras los hombres se estrechaban las manos y ellas se rozaban las mejillas con sendos sonoros besos.
- Hace una tarde estupenda ¿verdad? - dijo Manolita.
- ¿Os apetece pasear?, llevamos un rato sentados, así estiramos las piernas - propuso Candela con una sonrisa.
- Lo siento, otro día, Antonio tiene que pasar por el trabajo...
- Venga hombre - interrumpió Juan mirando a Antonio.
- No podemos, quiero ir a recoge unos papeles a la oficina y después llevar a Manolita a cenar para celebrar nuestro aniversario - dijo Antonio dedicándole una amplia sonrisa a su mujer.
- ¿Qué bien? Felicidades - sonrió Candela.
-Que lo paséis bien - dijo Juan dándole la mano a Antonio.
- Igualmente.
Mientras se alejaban, Juan y Candela volvían a sentarse en el banco.
- ¿Te das cuenta?, la lleva a cenar y nosotros... - protestó Candela.
- Nosotros, ya sabes que no podemos permitírnoslo - contestó Juan apesadumbrado.
-La tiene en palmitas... se les ve tan enamorados - suspiró Candela.
-Yo también estoy enamorado - contestó Juan mientras la besaba en las manos.
- Anda, tonto - y lo abrazó con cariño.
Mientras Antonio y Manolita se alejaban...
- Eres una tonta.
- ¿Por?
- ¿Por? - se burla Antonio - casi lo estropeas todo, ¿por qué has dicho que tenía que pasar por el trabajo?
- Es lo primero que se me ha ocurrido - contesta Manolita bajando la mirada.
- Lo primero que se me ha ocurrido - vuelve a burlarse - eres una payasa, creerán que yo no he querido quedarme.
- Pero... - intentó protestar Manolita.
- No hay peros que valgan, la próxima vez que me dejes en ridículo te vas a enterar ¿entendido?, y ahora sonríe o prepárate cuando lleguemos a casa - le dijo entre dientes mientras la pellizcaba en el brazo por el que la llevaba agarrada.
- Mira quién viene por ahí - dijo Juan.
-Anda, si son Antonio y Manolita - contestó Candela mientras se estiraba la falda y se atusaba el cabello.
- Me dan un poco de envidia... - dijo Candela mirando a Juan.
- ¿Qué?...
- Nada, podías escucharme cuando te hablo ¿no?, podías mimarme más como hace Antonio con Manolita - le recriminó Candela.
- ¡Callate! Que ya se acercan - susurró Juan algo molesto.
- ¿Qué tal? - se dijeron ambas parejas, mientras los hombres se estrechaban las manos y ellas se rozaban las mejillas con sendos sonoros besos.
- Hace una tarde estupenda ¿verdad? - dijo Manolita.
- ¿Os apetece pasear?, llevamos un rato sentados, así estiramos las piernas - propuso Candela con una sonrisa.
- Lo siento, otro día, Antonio tiene que pasar por el trabajo...
- Venga hombre - interrumpió Juan mirando a Antonio.
- No podemos, quiero ir a recoge unos papeles a la oficina y después llevar a Manolita a cenar para celebrar nuestro aniversario - dijo Antonio dedicándole una amplia sonrisa a su mujer.
- ¿Qué bien? Felicidades - sonrió Candela.
-Que lo paséis bien - dijo Juan dándole la mano a Antonio.
- Igualmente.
Mientras se alejaban, Juan y Candela volvían a sentarse en el banco.
- ¿Te das cuenta?, la lleva a cenar y nosotros... - protestó Candela.
- Nosotros, ya sabes que no podemos permitírnoslo - contestó Juan apesadumbrado.
-La tiene en palmitas... se les ve tan enamorados - suspiró Candela.
-Yo también estoy enamorado - contestó Juan mientras la besaba en las manos.
- Anda, tonto - y lo abrazó con cariño.
Mientras Antonio y Manolita se alejaban...
- Eres una tonta.
- ¿Por?
- ¿Por? - se burla Antonio - casi lo estropeas todo, ¿por qué has dicho que tenía que pasar por el trabajo?
- Es lo primero que se me ha ocurrido - contesta Manolita bajando la mirada.
- Lo primero que se me ha ocurrido - vuelve a burlarse - eres una payasa, creerán que yo no he querido quedarme.
- Pero... - intentó protestar Manolita.
- No hay peros que valgan, la próxima vez que me dejes en ridículo te vas a enterar ¿entendido?, y ahora sonríe o prepárate cuando lleguemos a casa - le dijo entre dientes mientras la pellizcaba en el brazo por el que la llevaba agarrada.
Meritxell